ARGENTINOS HALLAN RASTROS DE PRIMEROS COLONOS EN ANTÁRTIDA
 
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BUENOS AIRES (Reuters, Por Nicolás Misculin).- En el territorio más hostil del planeta, con temperaturas que llegan a 20 grados bajo cero, un equipo de arqueólogos argentinos descubrió rastros y objetos de los primeros hombres de la era moderna que pisaron la Antártida hace más de 200 años.

Refugios rocosos, utensilios, ropa y armas son algunos de los restos dejados por los cazadores de animales marinos que poblaron la Antártida desde fines del siglo XVIII hasta cerca de 1825, según los hallazgos de los expertos del Consejo Nacional de Investigaciones Científicas y Técnicas (Conicet) de Argentina.

"Los primeros datos oficiales de colonización de la Antártida son de 1820. Pero ahora sabemos que el poblamiento de ese continente puede fijarse al menos desde el siglo XVIII," dijo Amalia Sanguinetti de Bórmida, directora del proyecto de investigación del Conicet.

Los cazadores de focas, ballenas, elefantes y lobos marinos llegaron por esa época a la Antártida --donde vivían durante los meses del verano austral-- de la mano de compañías que buscaban nuevos recursos para abastecer a un mercado mundial en expansión, según los investigadores.

"Las condiciones de vida eran muy duras. Las compañías les brindaban una serie de recursos mínimos a los grupos de entre cinco o seis cazadores, que tenían que construir su refugio y conseguir qué comer," explicó Andrés Zarankin, uno de los investigadores responsables del proyecto.

Los refugios que se encontraron fueron construidos alrededor de afloramientos rocosos del lugar, techados con cueros de animales y "amueblados" con vértebras de ballenas que servían de mesas o sillas.

"No nos interesa discutir quién llegó primero a la Antártida. Nuestro foco de atención es la persona común, anónima, que vivió y trabajó en ese continente," agregó el arqueólogo.

Para realizar sus estudios, los investigadores deben sufrir las mismas inclemencias climáticas y la misma soledad que los "foqueros," como se les llamaba, ya que el trabajo de campo los obligó a realizar cuatro campañas de verano desde 1995, durante las que se instalan por 100 días en campamentos en las islas Shetland, a pocos kilómetros del continente blanco.

Entre los objetos hallados en excelente estado de conservación --gracias al frío-- hay botellas, municiones para armas, botas de cuero, cuchillos, garrotes para matar animales y hasta un tablero de madera con fichas de cuero que servía de entretenimiento, similar al actual juego de damas.

Las empresas de los siglos XVIII y XIX cazaban animales marinos para obtener aceite y, principalmente, sus pieles, que se cotizaban muy bien en China. Los investigadores llegaron a encontrar metros de cuero animal acumulados bajo tierra, que los foqueros dejaron y nunca volvieron a buscar.

Un paraje inhóspito

Las compañías llegaron a la Antártida al agotarse los recursos animales del sur argentino y de otras regiones.

"Se trata de un proceso complejo de expansión del sistema capitalista y de búsqueda de materias primas para abastecer un mercado que estaba creciendo," dijo Zarankin.

Las empresas, en su mayoría estadounidenses, inglesas, españolas, australianas y del Río de la Plata (Argentina aún no existía), explotaban entre 40.000 y 50.000 cueros por barco.

"No existía ningún tipo de planificación: los cazadores mataban todo. Prácticamente se extinguió la mayoría de las especies de lobos y elefantes marinos de la Antártida, lo que hizo poco rentable la actividad y las compañías dejaron de ir cerca de 1825," afirmó el arqueólogo.

Con temperaturas que oscilan de cinco grados sobre cero a 20 bajo cero --llegando a sensaciones térmicas de 45 bajo cero--, con vientos que alcanzan los 160 kilómetros por hora y con una soledad imposible de vencer, los científicos argentinos enfrentan durante meses un paraje realmente agreste.

Los investigadores son transportados en barco y helicóptero a la isla desierta y aún inexplorada de Livingston --que está casi completamente cubierta por hielo--, para ser recogidos tres o cuatro meses después; durante ese lapso viven en carpas y no tienen contacto alguno con otras personas.

Como en verano no hay noche en la Antártida, los científicos deben mirar su reloj para saber cuando cenar o cuando acostarse a dormir.

"Los parámetros temporales y espaciales son completamente distintos, como también los ruidos y los sonidos que hay de los animales. Es como estar en otro planeta," relató Zarankin.

Actualmente los arqueólogos continúan analizando el material encontrado junto a un equipo de especialistas --en vidrio o en vestimenta, entre otras áreas--, a la espera de poder viajar nuevamente a la Antártida para continuar con el proyecto, cuyo futuro peligra por falta de fondos.

 
 
 
 
 
 
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Enero 2004