¿El problema de las inundaciones en la Cuenca del Salado o la cuestión
de la alternancia de sequías e inundaciones en la Pampa Deprimida?
 
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Las grandes obras hidráulicas pueden concretarse en armonía con la naturaleza y en combinación, sin duda, con las pequeñas obras hidráulicas. Este es un debate largamente superado en la Argentina por los científicos y profesionales altamente calificados en el tema.

Toda modificación de la naturaleza en manos del hombre debe seguir sus dictados, esto significa no contradecirla. La Cuenca del Salado y sus espacios geográficos adyacentes conforman la Pampa Deprimida en el seno de la región Pampeana, caracterizada por la falta de pendiente y la nivelación general del terreno. En realidad, puede señalarse que no existe en ese gran espacio, una cuenca hidrográfica, en el sentido estricto de la palabra, porque las aguas drenan muy lentamente, en algunos casos hacia lagunas, en otros casos hacia arroyos, justamente por la falta de pendiente y la nivelación. Se dice, en términos más técnicos, que se trata de un escurrimiento dificultoso de tipo difuso y poco concentrado. En consecuencia, para solucionar el problema de la alternancia de inundaciones y sequías (y no sólo las inundaciones) en la Pampa Deprimida hay que tener en cuenta las condiciones de su geografía.

En primer lugar, es necesario considerar que la precipitación y la evapotranspiración (es decir, todas las transferencias verticales del ciclo hidrológico) predominan sobre el escurrimiento (transferencia horizontal del ciclo hidrológico). Este es un concepto relevante de la geografía y la hidrología de las grandes llanuras. Así, por ejemplo, durante la inundación de 1980 precipitaron 60 km3 de agua en un mes y escurrieron o evaporaron sólo 5 km3, en tres meses, con lo cual el territorio quedó inundado por largo tiempo. Si se tiene en cuenta esta singularidad geográfica determinante, enseguida será posible advertir que hacer obras sustentadas sólo en el escurrimiento es un error de carácter conceptual. No sólo hay que hacer canales (porque estos escurren poco caudal) y menos altos terraplenes, porque superada su capacidad de drenaje pueden producir inundaciones en manto, gravísimas inundaciones; sino que fundamentalmente hay que intentar que el agua se infiltre y se evapore (que es el dictado de la naturaleza.) Para ello, evidentemente las buenas prácticas agronómicas que mantengan porosos y permeables los suelos y la forestación que permita una mayor evaporación, son mucho más importantes que promover los escurrimientos (especialmente aquéllos que conectan formas de la naturaleza o geoformas que antes no estaban conectadas.)

En segundo lugar, las grandes obras hidráulicas pueden concretarse en armonía con la naturaleza y en combinación, sin duda, con las pequeñas obras hidráulicas. Este es un debate largamente superado en la Argentina por los científicos y profesionales altamente calificados en el tema. Así, por ejemplo, el INTA durante muchos años ha bregado por la pequeña hidráulica en combinación con buenas prácticas agronómicas para favorecer la cooperación entre los propietarios de las mismas microcuencas, tan típicas de la región. Sus propuestas son racionales y sustentables y, sin embargo, poco se han difundido en la Pampa Deprimida, por múltiples razones, entre ellas el comportamiento de los actores sociales, la imprevisión de la política ambiental, la ausencia de espíritu cooperativo, el predominio de las propuestas a corto plazo también llamadas de "cirugía geomorfológica" -tan notoriamente políticas-, frente a las de largo plazo -fundamentales para la solución integral del problema y tan poco apreciadas por las políticas gubernamentales- y así podríamos enumerar muchas otras.

En tercer lugar, el problema no es sólo hidráulico, no sólo requiere un Plan Maestro, sino también la consideración de muchos otros condicionantes como el manejo de los suelos, las prácticas agrícolas especulativas y la ganadería que por sobrepastoreo genera consecuencias negativas, el impacto hídrico de la construcción de terraplenes viales, de canales, etc., y otras múltiples modificaciones ambientales.

En cuarto lugar, no es posible considerar un Plan Maestro sólo para la Cuenca del Salado, también habría que tener en cuenta la zona de canales al sur de río Salado (que no forman parte de la cuenca) y las cuencas de los arroyos del SE de la provincia de Buenos Aires. El manejo hídrico debe ser integral para todo el espacio geográfico regional y ocuparse de una parte de la región -la Cuenca del Salado-, no implicará la solución global al problema. El espacio geográfico es un sistema ambiental en el que todas sus partes componentes son más que la suma de cada una de ellas y, por lo tanto, un plan para una parte no mejorará el todo y, más aún, puede provocar consecuencias negativas.

En quinto lugar, el manejo de las aguas debe ser integral, es decir, no se puede realizar una obra aquí, y otra más allá de distinto orden, sino, muy por el contrario, hay que planificar un complejo de obras y de acciones hidráulicas pero también actividades de educación ambiental y de participación ciudadana que abarquen todas las dimensiones involucradas (por ejemplo, planes de forestación, -para mejorar la capacidad de evapotranspiración, que es la bomba hidrológica, mucho más importante que el escurrimiento para mejorar las condiciones hídricas de este espacio geográfico y, en consecuencia, solucionar el problema de las sequías e inundaciones.

En sexto lugar, no es ambientalmente sustentable conectar arroyos, o lagunas antes no integradas por la naturaleza, cortar médanos, etc. Todo esto puede provocar más problemas que soluciones, o por lo menos, sólo soluciones parciales y el agravamiento general del problema. Hay que pensar que el agua es un recurso natural demasiado precioso para ser despilfarrado en un mundo en el que la escasez de este recurso será uno de los problemas ambientales dominantes de los próximos tiempos para la humanidad, y también para La Argentina, si no se maneja de manera sustentable este aspecto del patrimonio natural.

En séptimo lugar, es imprescindible tener presente que el problema del agua en la Pampa Deprimida no es sólo la inundación sino también las sequías y que en muchas oportunidades, se verifica la alternancia de las sequías e inundaciones y hasta la simultaneidad del problema (en las partes altas de los terrenos domina la sequía y en las parte bajas, la inundación o los anegamientos.) Si a través de múltiples obras hidráulicas se fomentan los escurrimientos superficiales para que el agua drene con mayor fuerza y rapidez, menos agua quedará (se infiltrará) para los tiempos de sequía. Y los productores bien saben que "es preferible dos inundaciones a una sequía", como ellos mismos expresan.

En síntesis, el manejo del agua en una región supone poner en marcha la racionalidad geográfica, considerar la multiplicidad de factores que intervienen frente al problema ambiental, en este caso la cuestión hídrica, que abarca no sólo a las inundaciones sino también a las sequías. Además, es fundamental considerar todo lo atinente a la participación ciudadana y, primordialmente, la educación ambiental para producir la eclosión de la conciencia cooperativa y solidaria de todos los actores sociales intervinientes (pobladores, productores, políticos, científicos, profesionales, empresarios y Estado relacionados con las inversiones extranjeras que requiere la obra hidráulica, entre otros.) Se trata, en definitiva de promover el bien común y concretar obras, ni más ni menos, en armonía con la naturaleza atendiendo a las advertencias de aquéllos científicos, profesionales e instituciones argentinas que desde tiempos de Florentino Ameghino -el sabio naturalista, autor de "Las secas y las inundaciones en la provincia de Buenos Aires"- ya señalaban con claridad la orientación de los enfoques necesarios para concretar las acciones para la solución del arduo problema de las sequías e inundaciones en la Pampa Deprimida.

 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
Por Lic. Diana Durán
Lic. Diana Durán.
 Lic. en Geografía de la USAL.
 Prof. de la Universidad CAECE y  de la Escuela de Medicina del Hospital Italiano. 
 Ex investigadora del CONICET.
 
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